Detrás de un asesinato hay una familia que sufre, a la que hay que ayudar.

Cuando alguien es asesinado, es la policía la que envía a una persona de Victim Support para que apoye a la familia.

Un trabajador de Victim Support de casos de homicidios, quien debe permanecer en el anonimato, explica la dificultad que entraña el apoyo a las familias víctimas de un asesinato.


“Llamas a la puerta. Sabes que nadie quiere que llames a su puerta, quieren una máquina del tiempo, algo que les lleve al día previo al crimen.

La puerta se abre. Ves una cara triste, destrozada. Ves las líneas y las bolsas del shock, del dolor infinito.

Te presentas y presentas a Victim Support. Estas personas al otro lado de la puerta son increíblemente amables.

Te hacen una taza de té. Y entonces escuchas. Te maravillas ante la fuerza, determinación y compasión dentro de su hogar triste y oscura.

Te dices a ti mismo que es esa fuerza la que te ha llevado hasta allí, esa fuerza que nos hace humanos, la que nos permite tirar para adelante ante brutales actos de violencia.

Como trabajador social en homicidios somos testigos de emociones que pueden sentirse aplastantes e insoportables.

Les ayudamos a cruzar el puente entre la esperanza y la desesperanza.

Al principio, pocos días después de que su mundo se haya dado la vuelta, las necesidades de la gente son de gritarte, de empujarte.

Tratas de ofrecerte desde el otro lado, como una conexión con un futuro esperanzador, donde la culpa, el enfado y las pesadillas son normales.

Observas a la madre del niño arrojándose a cuestiones prácticas, haciendo llamadas telefónicas, saludando a miembros de la familia, esquivando a la prensa, leyendo tarjetas de condolencia.

El novio de la chica está perdido, callado, ilocalizable de momento. Su padre está enfadado, consigo mismo, con los asesinos, con el mundo.

Hay un agujero enorme en esta familia, un vacío que nada puede llenar.

Mantenerse cauto, esperanzado pero de manera realista es muy duro y es necesario estar preparado para enfrentarse a esta desolación junto a la familia.

Tienes que conectar con la gente de manera que intentes comprender su dolor, pero no pretendas nunca hacerlo del todo.

Tienes que ser abierto y práctico, tienes que ser profesional y ser tú mismo.

Tiene que haber un equilibrio; este es su dolor, y tú no puedes permitirte hacerlo tuyo.

Te dicen que no saben cuándo será el funeral. La policía está haciendo lo máximo, el juez de instrucción también, pero las circunstancias (pruebas de sangre, muestras…) están retrasando el proceso.

Y añade esto a la pérdida, añade a la pérdida el no poder enterrar a tu hijo.

Y añade también el no saber qué le ha pasado a tu hijo, el niño al que llevabas al colegio cuando tenía 5 años, cuya fiesta de cumpleaños organizaste cuando tenía 10, cuyo horrible gusto musical odiabas cuando tenía 15 y al que enterrarás a los 20.

No ha habido detenciones y sospechan que no las haya, o las ha habido y las personas que mataron a su hijo eran críos, igual que él.

El mundo, que antes tenía sentido para estas personas ya no lo tiene.

Las creencias que tenían en Dios, en la sociedad que tiene valores de paz, justicia, se desvanecen.

Ya no se sienten normales. No hay normalidad ya.

A veces enseñas y a veces aprendes. Pero tienes que recordar que estamos juntos en esto, que cada persona es única, cada persona necesita un apoyo individualizado.

Les agradeces y les dejas esperando haber cambiado algo.

La próxima vez, esperas hacer otro pequeño cambio.

Algún día, esperas-sabes, pueden tejer una nueva vida, una donde no tengan que olvidar a su hijo, pero en la que puedan crecer y evolucionar en torno a él, sus risas, sus lágrimas, su vida y su muerte.

Sueñas con que un día, no será necesario el trabajo que hacemos.”


Anvdv sueña con que algún día, España cuente con este servicio.

Este artículo es una traducción de la página Skynews puedes leer el original aquí.